LA PRINCESA Y EL PIRATA: El encuentro

Era una de esas mañanas cálidas en la costa, las gaviotas extendían sus alas y disfrutaban del hermoso cielo azul en su vuelo, la brisa fresca acariciaba tu rostro de tal manera que podías sentir la paz del océano en tu cuerpo, era uno de esos días perfectos para navegar y poner a prueba mis habilidades de gran pescador, mi nombre es Stalin y soy un aficionado de la pesca deportiva; cuando era pequeño mi padre solía llevarme a pescar todos los fines de semana al lago Baikal, que por cierto era un lago hermoso que en sus aguas se reflejaba el cielo de tal manera que pareciera estuvieras sobre un espejo; la brisa fresca de la montaña apaciguaba el calor que solía hacer en el lugar dejando en ti una sensación de frescura, paz y tranquilidad, cuando mi padre y yo íbamos al lago a pescar, para que la espera mientras enganche un pez no sea tan aburrida, mi padre solía contarme sus miles de aventuras en el mar, desde sirenas, combates y hasta peces enormes que había logrado capturar, sus historias me dejaban pegado en sus palabras imaginando a detalle cada una de sus aventuras, fue así como conforme pasó el tiempo la pesca deportiva termino siendo una de mis más grandes pasiones y ahora soy miembro de uno de los mejores clubs de pesca de mi localidad cuyo nombre es  “La Hoguera”, es un club que tiene historia entre sus páginas, sus miembros habían sido desde piratas hasta capitanes muy intrépidos y renombrados en las historias navales como mi padre, sin duda era el mejor club de pesca que gracias a mi padre me sentía orgulloso de portar su insignia que prácticamente era un broche bañado en oro con forma de ancla.

 Al iniciar el año , el club  de pesca anunció un concurso para todos sus miembros, el concurso consistía en atrapar el pez más grande que se pueda capturar con una buena caña de pescar, para aquel que logre la hazaña, sería acreedor a unas vacaciones con todo los gastos pagados en uno de los mejores cruceros, motivado por aquel anuncio del club publicado hace algunos días atrás, todos los sábados jugaba a ser el capitán de mi embarcación que no erá más que un yate Sealine que me había heredado mi padre tras su partida, no era el mejor de la costa, pero, llamaba mucho la atención su peculiar nombre que mi padre le había puesto “El bombón rosa” en honor a una de sus amantes que había conocido en sus aventuras y que después de algún tiempo de conocerla termino siendo mi madre.

Decidido a que era un gran día para pescar, me sumergí en las profundidades del mar abierto con la esperanza de encontrar tal botín que el club exigía para esas vacaciones espectaculares, mientras navegaba tratando de pensar como un pez e imaginando donde me escondería si fuera uno, note a la distancia flotando sobre el mar una pequeña nube, aquella nube era tan extraña que llamo mi atención al instante, motivado por la curiosidad, fui acercándome lentamente y cuando ya estaba lo suficientemente cerca para apreciar lo que era, esta pequeña nube empezó a girar dándome una gran sorpresa, pues aunque no tenía una forma humanoide que se espera de algún fantasma, esta pequeña nube soltó un tímido – Hola, en el instante de escuchar aquella voz, en mi cara se dibujó un ceño de horror y mis pensamientos le gritaban desesperados a mi cuerpo:  ¡corre!, ¡corre!, pero por más grande que fuera mi intención de correr  a la cabina de mando y arrancar el yate, mi cuerpo estaba perplejo y no respondía, tan solo sentía miles de cubitos de hielo abrazando mi piel. La pequeña nube al ver mi reacción tan solo guardo silencio y después de unos instantes dijo:

 –  Calma, no te voy a hacer daño, me he dejado pillar, se suponía que nadie debería verme en tu mundo, pero eso de estar invisible todo el tiempo me suele aburrir y he aquí las consecuencias de mi descuido.

Su voz parecía la de un niño, no tenía un rostro y menos una boca, era una esponja blanca algo redondeada, así que no podía explicar de dónde se emitía su voz, no sabía que era y mucho menos que hacía en el mar, solo sabía que era una nube la cual me estaba hablando, imaginé que estaría enloqueciendo, pues llevaba varias horas en mar abierto con el estrés de no encontrar un buen lugar  donde ubicarme, así que decidí seguir la corriente a mi locura eminente con una frase que había escuchado alguna vez en una película  y dije:

 – Hola, mucho gusto soy Bladox, el pirata más temible de los cuatro mares.

La pequeña nube guardo silencio unos instantes y con su voz algo tímida dijo:

Me alegra conocer al pirata más temible de los cuatro mares, jamás imagine tener tanta suerte de conocerte, en estos tiempos ya no he visto piratas surcando los mares, mucho gusto Bladox, yo soy Azael, soy un pirata como tú.

Su respuesta seguramente no ayudaba a mi falta de cordura en ese instante así que seguí con el juego y le pregunté con voz ronca por qué no había escuchado su nombre en ningún puerto a lo dijo:

 – Tenía riquezas y mi nombre era temido en todo puerto hace mucho pero, entre mis aventuras conocí algo llamado apuestas, un juego que fue consumiendo poco a poco quien era y desarrolle tal ambición de ganar que me obsesione por conseguir retos cada vez más grandes y así fue que esa ambición llevo mi destino a buscar apuestas cada vez más peligrosas llegando a retar a los mismos dioses, no sé qué estuve pensando cuando imagine que le ganaría en una apuesta a un dios, pero, al perder el juego, me convirtieron en esto que soy, no sé qué soy exactamente pero antes de convertirme en esto, Zeus dijo que permaneceré así por la eternidad o hasta que gane mi libertad con un acto de nobleza que demuestre mi cambio

La nube guardo silencio y quede algo extrañado por su historia, pues, solo me llegaron más dudas sobre lo que fuera que sea él y comprobaron que en realidad había perdido la cordura, así que le pregunte que hacía flotando sobre el mar, Azael evadió la pregunta y tan solo dijo con una voz desesperada e inquietante:

El tiempo se termina, es mejor marcharme antes de la tormenta.

Inmediatamente empecé a inspeccionar el cielo y todo parecía estar en orden, pero, Azael no dio regreso y solo empezó a alejarse y cuanto estaba lo suficientemente lejos como para divisar bien su forma, esta nube se desvaneció en el aire, cuando ya no lo pude ver, el cielo empezó a ponerse furioso y las nubes de mal humor, pues anunciaban una tormenta aproximándose, y era mi alerta para regresar a la costa antes que la tormenta me alcanzara, durante el camino iba algo confundido por lo que había sucedido, tratando de creer que tan solo fue un momento de locura por el estrés de no lograr encontrar aquel botín que tanto anhelaba y decidí simplemente ignorar lo sucedido.

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