LA PRINCESA Y EL PIRATA: El hallazgo de un tesoro

Era muy temprano por la mañana, el sol aún tenía pereza de salir a brillar y habían pasado semanas de aquel hecho extraño en mar abierto con la nube llamada Azael; la noche anterior había olvidado cerrar la ventana y una helada brisa entro en mi habitación muy temprano por la mañana, era tan fría que espantó mi sueño y tuve que levantarme para caminar hacia la ventana y cerrarla, en el caminar soñoliento hacia la ventana escuche una voz tras de mi diciendo – ¿Me has extrañado?, mi caminar que parecía el de un zombi sin vida, de repente se fue del asombro y cuando voltee me di cuenta de que era Azael y estaba flotando sobre mi cama, su voz era muy diferente a la de aquel día, ya no parecía la de un niño nervioso, por el contrario, se escuchaba como un niño emocionado de abrir sus regalos de navidad, su voz transmitía una emoción como si algo lo inquietaba, Así que no estoy loco después de todo, fue lo que respondí a su pregunta, – ¿Loco?, pero, Bladox todos los piratas lo estamos, solté una sonrisa pues había olvidado que le había dicho a esa pequeña nube que era un pirata, y le pregunté de cómo me había encontrado, la nube guardo silencio y se retiró de la cama para que pueda recostarme en ella, avanzo hasta el escritorio que reposaba junto a la ventana y con una voz algo tímida nuevamente dijo:

– Después que partí aquel día, subí al templete de los Dioses, me tope con el delicado y odioso de Cupido, es un buen amigo y le suelo contar casi siempre todo lo que me sucede, y le comenté sobre ti Bladox el pirata más temible al que había encontrado y él ha sido quién me dio las indicaciones de cómo llegar a ti.

Como siempre las respuestas de Azael me parecían muy extrañas y decidí no preguntar más pues me confundía cada vez que hablaba, guarde silencio y me recosté sobre la cama, solté un bostezo y le pregunte en que le podía ayudar tan temprano, la nube recobro la emoción en su voz y se empezó a notar nuevamente a un niño emocionado y empezó a decir:

– En los últimos días tratando de dar con las indicaciones que me ha dado cupido, he encontrado un tesoro mientras espiaba y golpeaba ventanas en las costas tratando de encontrarte, es un tesoro que me hace desear ser más que una pequeña nube…

Mi cara frunció en un ceño de confusión y le dije me contará sobre aquel tesoro que había encontrado y empezó a contarme emocionado que había visto a la mujer más hermosa del mundo en su recorrido matutino por las costas, me describió lo hermoso de sus ojos color miel y su sonrisa que reflejaba ternura, me contó de su voz que parecía la de una sirena y que cuando la escuchaba se perdía soñando despierto en mil aventuras junto a ella; intrigado por saber quién era esta mujer le pedí a esta pequeña nube me enseñe por la ventana en dónde la había visto, supuse que tal vez la conocía, la pequeña nube guardo silencio y me dijo:
– Tranquilo te voy a dejar verla.

De pronto su respuesta llamo mi atención ya que su maza redondeada en forma de nube empezó a transformarse hasta que en su forma se dibujó la figura de una mujer, cuando terminó de transformarse la pequeña nube dijo:

 – ¿Qué opinas?, es ella del tesoro de quien te hablo.

En mi cara solo se notaba asombro y un silencio incomodo lleno de celos que invadió mis pensamientos cuando descubrí que a quién tanto elogiaba la nube era la mujer más hermosa de la costa, el nombre de aquella mujer es Elizabeth, la mujer que se había robado mis pensamientos desde el día que se mudó a unas calles de mi casa, era doctora y había sido transferida para cubrir una campaña del gobierno, cuando la vi por primera vez en el centro comercial, no había parado de intentar conquistarla durante meses sin poder lograrlo, así que tan solo le respondí a Azael con una voz apagada y tensa por los celos de cómo había elogiado a la mujer que trataba de conquistar:

 – Mi amigo, no te equivocas, aquella mujer que has visto es el tesoro más sublime que todo pirata podría tener y que yo siendo el pirata más temible de estos mares me siento el más afortunado de haber encontrado primero a tan hermosa sirena en mis aventuras.

La habitación se quedó de pronto en un silencio incomodo, pues mi voz había sido un poco fuerte al decirlo, así que tan solo empecé a mirar el tejado de la habitación mientras la nube seguía flotando junto a la ventana.

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