LA PRINCESA Y EL PIRATA: La princesa

Era uno de esos días de marzo donde el calor en la Costa era insoportable y la oficina era todo un calvario, pues, ni el aire acondicionado lograba apaciguar el calor de aquel día; no había muchos clientes ni trámites pendientes en la agencia de turismo, así que decidí escaparme de la agencia y salir a disfrutar del mejor helado que había probado en toda la costa, era una combinación de chocolate, mora y una salsa de Nutella con la que bañaban las bolitas de helado y el único lugar donde vendían esa combinación era el centro comercial “EL CORAL”; era el único centro comercial en la costa, era un lugar muy bonito en su interior y por fuera no era más que una caja de tres pisos con colores muy llamativo, pues, tenía franjas diagonales de todos los colores del arcoíris en su contorno y como es de esperar en un ambiente costero, tenía pequeños monumentos de animales marinos en sus columnas exteriores, toda una obra de arte muy extravagante.

Era alrededor ya del mediodía, caminaba lento para evitar la fatiga y algo desorientado disfrutando de todas las ofertas que tenían las tiendas por la temporada, habían pasado ya algunos minutos desde que había ingresado al centro comercial y me encontraba ya en el segundo piso; soy un fanático de ser físicamente activo por lo cual me gusta usar las escaleras para cambiar de piso,  me encontraba pasando junto a la tienda de Victoria´s Secret, la tienda de lencería más sexy de todo el mundo y fue justo ahí cuando el aliento empezó a faltarme y como un loco pervertido decidí detenerme a descansar en un reposadero que existía frente a la tienda, logre sentarme y reposar sobre el espaldar de esos cómodos muebles que disponía el centro comercial, alce la mirada a la cubierta y me detuve a disfrutar del suave movimiento de las nubes que se podían ver a través de los enormes ventanales que el centro comercial tenía en su cubierta, como si fuera un niño, por varios minutos jugaba a darle forma a las nubes que pasaban sobre mí y así fue hasta que pude recuperar el aliento de la agitada caminata que había pegado hasta llegar ahí, después de unos cuantos minutos decidí reincorporarme para continuar mi caminar hacia la heladería y pude ver a través del mostrador de la tienda de lencería a una mujer muy hermosa, llamo al instante mi atención su figura, delgada pero con una curvas pronunciadas en su cadera que me hicieron perder la razón por un instante, como un pervertido me quede fijo la mirada hacia los ventanales de la tienda de lencería hasta que la mujer hermosa salió de aquel lugar, mi razón se perdió por un instante y fue extraño pues todo alrededor de aquella mujer había perdido sentido, al igual que un niño frente a una golosina me sentía hipnotizado a su caminar y de como su cabello se deslizaba en una onda perfecta por sus hombros, aquella mujer hermosa me había flechado y decidí seguirla como un espía tras de ella después que abandono la tienda con la esperanza de encontrar una oportunidad de poder hablarle, y fui así que la seguí hasta que ella paso por un asesor  y se perdió entre la multitud que salió despavorida del asesor que abrió sus puertas unos instantes después que ella paso por aquel lugar.

Disfrutaba de mi helado sentado junto a los ventanales del patio de comidas del centro comercial, desde ahí podía ver la playa y el suave movimiento de las olas golpeando la costa, me encontraba perdido entre mis pensamientos imaginando momentos maravillosos con aquella mujer que no conocía pero definitivamente me había flechado con su belleza, jugaba con mi helado mientras soñaba despierto cuando escuché tras de mí una voz tan dulce y femenina pidiendo permiso para sentarse conmigo, al instante de escuchar esa voz volteé  y me quede perplejo cuando pude ver que aquella voz provenía de la mujer que hace minutos me había flechado, quede frente a ella sin poder decir ni una sola palabra, pues no podía creer que la mujer que me había flechado se encontraba tras de mí, ella sonrió y al ver mi reacción tan solo me dijo : – Disculpa, creo que te molesté, al instante de notar su voz apagada reaccione y pude levantarme a separar la silla que se encontraba frente a mi para que pueda acompañarme a disfrutar de mi helado, tal como lo hacían los caballeros de antes.

No dejaba de mirar sus hermosos ojos color miel, las ondas perfectas en su cabello castaño que parecía rojizo con los rayos del sol que atravesaban los ventanales, no paraba de admirar su hermoso rostro y su suave rubor en sus mejillas, sus manos delicadas y ese aroma a rosas que llagaba hasta mí, se veía tan delicada como aquellas princesas de los cuentos de Disney, estaba frente a ella y las palabras parecían haberse perdido de mi vocabulario, no sabía que decirle pues mi corazón latía a mil y me sentía apenado al estar frete a ella, mis pies bajo la mesa estaban muy inquietos y desviaba la mirada hacia el ventanal para disimular lo estúpido que me veía frente a ella.

– Soy Stalin, ¿Cuál es tu nombre?… pregunte con una voz algo nerviosa,

Soy Elizabeth, Mucho gusto Stalin, ¿Eres turista o vives aquí en la cosa?, Pregunto con una voz delicada y que demostraba mucha confianza,

– Conozco este lugar como la palma de mi mano, crecí aquí y la única ocasión que deje este lugar fue para culminar mis estudios, ¿Tu eres turista?, pregunte con una voz mas tranquila al notar que podía tener su atención,

– ¡Genial!, me esta gustando mucho este lugar, y no soy turista, llegué hace unos días, vengo por trabajo, desvió la mirada hacia el ventanal después de responder, ella admiraba las olas y yo la admiraba a ella, esa mujer era perfecta, incluso cuando hablaba notaba un gesto de sonrisa algo coqueta en sus labios tan acorazonados que parecían sacados de una revista, mientras ella admiraba las olas a través del ventanal guarde silencio unos momentos y le pregunte en que trabajaba.

– Soy médico y me han movido hasta acá para cubrir una investigación; así que eres doctora, dime como curo esta taquicardia que tu me provocas, es lo único que se escuchaba en mi interior y que mis labios se cerraban forzosamente para que no pensara en voz alta, ella miro su reloj, se la noto un poco inquieta y luego se levantó para retirarse, antes de irse me regalo una sonrisa y una esperanza al decir que había sido un placer haberme conocido y que esperaba compartir conmigo en otra ocasión, en mi cara solo se reflejaba admiración mientras ella se alejaba, vestía un hermoso vestido oscuro pegado a su cuerpo, y que al caminar el movimiento de sus caderas provocaban en mi suspiros que me dejaban sin aliento, su cabello travieso y ondulado de manera perfecta que pareciera que caminara en cámara lenta, su aroma a rosas que quedo grabado en mis memorias, tan solo me quede admirándola mientras partía y se perdía entre la multitud, cuando ya no la pude ver logré reaccionar y me sentía desesperado y decepcionado de mi pues por estar admirándola había olvidado pedir su número de contacto, pero logre recuperar la calma cuando recordé que tan hermosa mujer que me ha dejado exhalando suspiros sin pensarlo, había mencionado que era doctora y el único lugar donde encontrarla se encontraba a unas cuadras de mi oficina, así que sabía que podía usar cualquier excusa para poder volver a verla.

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