Era una de esas mañanas cálidas en la costa, las gaviotas extendían sus alas y disfrutaban del hermoso cielo azul en su vuelo, la brisa fresca acariciaba tu rostro de tal manera que podías sentir la paz del océano en tu cuerpo, era uno de esos días perfectos para navegar y poner a prueba mis habilidades de gran pescador, mi nombre es Stalin y soy un aficionado de la pesca deportiva; cuando era pequeño mi padre solía llevarme a pescar todos los fines de semana al lago Baikal, que por cierto era un lago hermoso que en sus aguas se reflejaba el cielo de tal manera que pareciera estuvieras sobre un espejo; la brisa fresca de la montaña apaciguaba el calor que solía hacer en el lugar dejando en ti una sensación de frescura, paz y tranquilidad, cuando mi padre y yo íbamos al lago a pescar, para que la espera mientras enganche un pez no sea tan aburrida, mi padre solía contarme sus miles de aventuras en el mar, desde sirenas, combates y hasta peces enormes que había logrado capturar, sus historias me dejaban pegado en sus palabras imaginando a detalle cada una de sus aventuras, fue así como conforme pasó el tiempo la pesca deportiva termino siendo una de mis más grandes pasiones y ahora soy miembro de uno de los mejores clubs de pesca de mi localidad cuyo nombre es  “La Hoguera”, es un club que tiene historia entre sus páginas, sus miembros habían sido desde piratas hasta capitanes muy intrépidos y renombrados en las historias navales como mi padre, sin duda era el mejor club de pesca que gracias a mi padre me sentía orgulloso de portar su insignia que prácticamente era un broche bañado en oro con forma de ancla.

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